Suelo pélvico y placer sexual

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En los años 40, el ginecólogo Arnold H. Kegel ideó una serie de ejercicios para ayudar a las mujeres que acudía a su consulta con un problema de incontinencia urinaria. La contracción y relajación del músculo pubococcígeo o suelo pélvico no sólo consiguió buenos resultados en lo referente a la micción, sino que muchas mujeres le comunicaron que, desde que los practicaban, experimentaban orgasmos más intensos y mayor placer sexual.

Estudios posteriores demostraron su eficacia en el tratamiento de la incontinencia urinaria y las disfunciones de la sexualidad femenina, y también en la recuperación del aparato genital postparto y la lubricación vaginal en mujeres menopausicas.

En los años 70, la psicoterapeuta y sexóloga Helen Singer Kaplan describió la respuesta sexual desde el punto de vista fisiológico dividiéndola en tres fases. En la primera, se produciría el deseo, un impulso provocado por la activación del sistema neural cerebral. A continuación, se producirían fundamentalmente cambios a nivel de dilatación de los vasos sanguíneos; se produciría la excitación. Por último, en un tercer momento, fundamentalmente se producirían contracciones musculares rítmicas en los músculos perineales y vaginales. Estas contracciones se asocian a la “vivencia orgásmica”.

El músculo pubococcigeo, principal músculo del suelo pélvico, está conectado con el nervio pélvico y una ramificación que conecta el útero y la vejiga de la mujer (en el caso del hombre, conecta la vejiga y la próstata con la parte inferior de la columna vertebral). Su fortalecimiento permite una mayor transmisión de energía.

Según afirma la fisioterapeuta Beatriz Cosgrove, trabajar la musculatura pélvica mejorará la sexualidad femenina a través de tres apspectos: aumentará la percepción de la zona genital, sensaciones placenteras apenas perceptibles para la mujer inicialmente; aumentará la lubricación natural de la zona íntima al reducir la atrofia y mejorar la calidad de los tejidos; y al aumentar la tonificación de estos músculos, aumentará también el contacto entre las paredes vaginales y durante la penetrción, facilitando la calidad del orgasmo para ambos.

Kaplan, H. S. (1979). Disorders of sexual desire. New York: Brunner / Mazel.

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